😱 CONFESIÓN TOTAL CÓMPLICE CRIMEN ISAK ANDIC ADMITE PREMEDITACIÓN ENTRE HIJO Y TERAPEUTA!

😱 CONFESIÓN TOTAL CÓMPLICE CRIMEN ISAK ANDIC ADMITE PREMEDITACIÓN ENTRE HIJO Y TERAPEUTA!

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Una colaboradora de la terapeuta de la familia Andic ha confesado ante los Mossos d’Esquadra que ella misma eligió la ruta de montaña donde murió Isaac Andic, el fundador de Mango, y que lo hizo siguiendo instrucciones precisas de la psicóloga ecuatoriana Julia Luderwall para que el hijo del empresario se situara al borde de un precipicio en una “situación límite” de confrontación.

La testigo, una intérprete británica residente en Barcelona de unos 50 años, declaró voluntariamente el pasado 29 de junio y nuevamente el 6 de julio en la comisaría de Martorell, acompañada de su abogado. En su testimonio, que ha permanecido bajo secreto hasta ahora, asegura que la terapeuta le encargó buscar un sendero “extremo” para que Jonathan Andic pudiera materializar la metáfora de “matar al padre” y liberarse de ataduras emocionales.

“Ella me pidió que encontrara una ruta de montaña con un precipicio. Me dijo que Jonathan debía ponerse al borde, forzar una situación extrema para romper el vínculo con su padre”, relató la mujer, identificada como Amelia. La declaración, filtrada a la prensa casi un mes después, ha provocado un terremoto en la investigación judicial que ya apuntaba a un presunto homicidio.

La intérprete explicó que acompañó a Jonathan Andic el 7 de diciembre de 2024, una semana antes de la muerte de Isaac, a la misma ruta de Collbató, en la montaña de Montserrat, donde días después el empresario de 71 años se precipitó al vacío desde más de 100 metros. “Pasamos por el punto exacto de la caída. Yo no sabía que aquello terminaría así”, afirmó.

La testigo entregó a los Mossos su teléfono móvil con todas las conversaciones mantenidas con la terapeuta y con el hijo del fundador de Mango. Entre los mensajes destaca uno escalofriante: tras hacerse pública la muerte de Isaac, la intérprete preguntó a Julia Luderwall qué había pasado. La respuesta de la terapeuta fue: “Casi mejor, no lo quiero saber.

No vaya a ser que la siguiente sea yo”.

Esta confesión pone contra las cuerdas tanto a Jonathan Andic, imputado por la muerte de su padre, como a la propia terapeuta, investigada por su posible papel en los hechos. La jueza instructora Raquel Nieto ya había señalado indicios de premeditación al constatar que el hijo acudió al lugar los días 7, 8 y 10 de diciembre, y que el sendero conocido como “el camino de las fachades” fue elegido por la intérprete a petición de la terapeuta.

La colaboradora afirmó que no podía dormir desde el accidente. “Estuve un año y medio callada, pero la conciencia me pesaba. Yo fui quien eligió el lugar donde murió ese señor”, confesó.

Ahora, los investigadores examinan los audios y mensajes de WhatsApp para determinar el grado de planificación del siniestro paseo que terminó con la vida del hombre más rico de Cataluña.

La defensa de Jonathan Andic, ejercida por el prestigioso abogado Cristóbal Martel, sostiene que su cliente nunca ocultó la presencia de la intérprete. “Los Mossos no le preguntaron con quién fue a la montaña, solo cuántas veces había ido.

Jonathan respondió que dos o tres, y mencionó a un amigo. No había motivo para mentir”, explicaron fuentes del equipo legal.

Sin embargo, el testimonio de Amelia contradice directamente la versión del hijo, quien aseguró que conocía el camino “por referencias de algunos amigos” y no reveló que la idea partió de la terapeuta ni que la excursión formaba parte de una terapia psicoanalítica en la que se le pedía ponerse al borde del precipicio.

Los investigadores consideran que esta omisión es clave. “Si la terapia era tan inocente, ¿por qué no lo contó desde el principio? ¿Por qué dijo que su padre se cayó solo, sin mencionar que él mismo había sido instruido para estar al borde?”

, se preguntan fuentes policiales.

La terapeuta Julia Luderwall, que no está colegiada como psicóloga en España, dirigía supuestamente sesiones de psicoanálisis para la familia Andic basadas en la confrontación. La intérprete confirmó que ella misma había colaborado en otras ocasiones buscando rutas de montaña para “terapias de choque” con otros pacientes de Luderwall.

El caso ha dado un giro radical. Lo que para la jueza y los Mossos era un presunto homicidio voluntario con premeditación, ahora se refuerza con la confesión de la colaboradora. “Esto no es un simple accidente.

Hay un diseño, una instrucción de poner al hijo en una situación límite y resulta que quien muere es el padre. La coincidencia es imposible”, sostienen los investigadores.

La defensa de Jonathan Andic intenta minimizar el impacto.

“La testigo ha tardado año y medio en declarar. ¿Por qué esperó tanto si realmente creía que había sido un crimen?” , argumentan.

No obstante, la confesión ya ha sido admitida como prueba y la jueza prevé citar a la intérprete a sede judicial para que ratifique su relato ante las partes.

Además, la terapeuta podría ser finalmente imputada como partícipe en los hechos. Su reacción al conocer la muerte del empresario —”no vaya a ser que la siguiente sea yo”— es considerada por la fiscalía como un indicio de que sabía que la situación podía desembocar en una tragedia.

“Ella misma lo dijo. Temía ser la siguiente víctima. ¿De qué?”

, se preguntan los investigadores.

La investigación también ha revelado que Jonathan Andic perdió su teléfono móvil en un supuesto robo en Ecuador, del que no existe denuncia. Los Mossos creen que simuló el hurto para eliminar pruebas, mientras que la defensa sostiene que fue un robo real.

Los mensajes recuperados del móvil de la intérprete ahora podrían arrojar luz sobre las conversaciones previas al fatal paseo.

Mientras tanto, la familia del fallecido guarda silencio. La viuda, Estefanía Nut, y las hijas del empresario no han hecho declaraciones tras conocerse la nueva confesión.

El caso, que conmocionó a la sociedad catalana y al mundo empresarial, avanza hacia un juicio que promete ser uno de los más mediáticos de los últimos años.

La jueza Raquel Nieto ya ha programado nuevas diligencias. Se espera que en los próximos días se cite a la intérprete para que identifique el punto exacto del precipicio en las fotografías mostradas por los Mossos.

Además, se analizarán los audios aportados para determinar si existió una instrucción directa de llevar a Isaac Andic a ese lugar concreto.

Para los expertos en derecho penal, la declaración de Amelia es la prueba más contundente hasta la fecha. “Si se demuestra que hubo una planificación de la ruta con conocimiento de que era peligrosa y con la intención de someter al padre a una situación de riesgo, podría configurarse un delito de homicidio imprudente agravado o incluso doloso eventual”, explica un jurista consultado.

La defensa de Jonathan Andic, no obstante, mantiene la estrategia de desacreditar a la testigo. “Ella misma dice que no durmió bien durante meses. Su memoria puede estar nublada.

Además, no hay pruebas de que Jonathan empujara a su padre. Fue un accidente en una ruta que él ya conocía”, insisten.

Pero los investigadores recuerdan que el hijo no llamó al 112 hasta cuatro minutos y medio después de la caída.

En ese lapso, aseguran, se produjeron movimientos extraños. La intérprete ha aportado un detalle escalofriante: “Julia me dijo que la terapia consistía en que Jonathan se pusiera al borde del precipicio mientras el padre observaba. Era una metáfora de la muerte del padre.

Pero al final quien cayó fue Isaac”.

La confesión ha provocado un aluvión de reacciones en los medios de comunicación, que ahora se preguntan si la terapeuta ejerció una influencia sectaria sobre la familia. “Esto no es psicoanálisis, es una locura peligrosa.

Mandar a un hijo a ponerse al borde de un barranco para romper lazos con su padre es una barbaridad”, opina un psicólogo conocido por su rechazo a estas prácticas.

El caso sigue su curso y se espera que en las próximas semanas se produzcan nuevas filtraciones de los mensajes y audios incautados. Mientras tanto, la intérprete inglesa permanece a la espera de ser llamada a declarar ante la jueza.

“Quiero que se haga justicia. No puedo vivir con la culpa de haber elegido ese camino”, concluyó su testimonio.

La investigación no se detiene.

Los Mossos d’Esquadra continúan analizando la geolocalización de los teléfonos y esperan reconstruir con exactitud los movimientos de padre e hijo en los días previos a la tragedia. Lo que parecía un accidente mortal se ha convertido en un laberinto de contradicciones, confesiones y una terapia que, según la testigo, buscaba literalmente “matar al padre”. El final de esta historia aún está por escribir.