El testimonio de una nueva testigo protegida ha sacudido el caso Andic: una colaboradora de la terapeuta Julia ha revelado que ella misma buscó rutas extremas para que Jonathan Andic se situara al borde de un precipicio, “como si lo fueran a tirar”, justo antes de la caída mortal de su padre, Isaac Andic.
La declaración, que se ha filtrado en las últimas horas, fue realizada ante los Mossos d’Esquadra los pasados 29 de junio y 6 de julio, pero ha trascendido ahora. La testigo, una mujer británica de unos 50 años que trabajaba como traductora e intérprete para la terapeuta, ha solicitado el estatus de testigo protegida por temor a represalias. Su relato pone contra las cuerdas al hijo del fundador de Mango, quien está en prisión provisional acusado de homicidio.
La colaboradora, a quien los medios han bautizado como Amelia, explicó que Julia le pidió que rastreara senderos en la montaña de Collbató, en Montserrat, para que Jonathan realizara allí parte de su terapia de confrontación. El objetivo: que el hijo se pusiera en situaciones extremas, al borde del abismo, como parte de un proceso para limar asperezas con su padre. “Como si lo fueran a tirar”, afirmó la testigo, utilizando una frase que resulta escalofriante a la luz de los hechos.
Según su declaración, Amelia acompañó a Jonathan en dos ocasiones a ese mismo camino semanas antes de la muerte de Isaac Andic, ocurrida el 14 de diciembre. En esos viajes, el hijo nunca mencionó a su padre; de hecho, dijo que la excursión era para hacer un regalo a una sobrina. La testigo también afirmó que Jonathan le pidió que guardara silencio sobre estos encuentros.
La defensa de Jonathan Andic ha reaccionado con cautela, argumentando que la información debe recibirse “desde la prudencia y el sosiego interpretativo”. Los abogados sostienen que las terapias incluían paseos, pero que Jonathan nunca supo que esos senderos fueran parte de una estrategia criminal. Sin embargo, la jueza que instruye el caso ya había señalado en su auto de prisión que existía premeditación, basándose en las múltiples visitas de Jonathan al lugar del accidente.
El testimonio de Amelia es clave porque la terapeuta Julia ya había mencionado en sede judicial que contaba con una ayudante que buscaba rutas extremas. Pero la nueva testigo va más allá: afirma que Julia le encomendó específicamente que seleccionara un sendero peligroso, y que ella misma acompañó a Jonathan para preparar el terreno. “Ella buscó ese sendero para que el investigador realizara allí parte de la terapia”, según fuentes cercanas al caso.
La Fiscalía investiga ahora si esta colaboradora podría ser considerada cómplice o planificadora de un posible crimen. La jueza ha citado a Amelia para que ratifique su declaración en sede judicial, y se espera que declare nuevamente en las próximas semanas. El caso, que ya había generado una enorme controversia por las peculiares terapias de la terapeuta Julia, se vuelve aún más turbio.
La terapeuta, que no está colegiada en España, defendió su método como una técnica de confrontación dentro del psicoanálisis freudiano, donde la idea de “matar al padre” era una metáfora. Pero ahora, con el testimonio de la colaboradora, esa metáfora adquiere un nuevo significado. Los psicólogos consultados por los medios advierten que este tipo de terapias extremas carecen de base científica y pueden ser peligrosas.
Jonathan Andic, hijo mayor del fundador de Mango, permanece en prisión desde su detención. La acusación sostiene que, tras un conflicto por la herencia, planeó la muerte de su padre durante una excursión a Collbató. La defensa, por su parte, insiste en que se trató de un trágico accidente y que Jonathan ha colaborado con la justicia desde el primer momento.
La nueva testigo ha aportado también mensajes de texto entre ella y Jonathan durante los preparativos de la ruta. En esos mensajes, Jonathan nunca mencionó a su padre, pero sí pidió consejos sobre el mejor sendero. “Quiero que sea una sorpresa para mi sobrina”, decía uno de los mensajes.
Sin embargo, el día de la excursión, el padre y el hijo estaban solos.
El móvil de Jonathan, que desapareció misteriosamente en Ecuador justo cuando la investigación se intensificaba, sigue siendo una pieza clave. Los Mossos analizan si la desaparición del teléfono fue deliberada para ocultar pruebas. La testigo protegida ha sido clave para reconstruir los pasos previos al suceso.
La comunidad empresarial catalana sigue conmocionada por el caso. Isaac Andic, de 71 años, era un empresario respetado y cercano a su hijo. La viuda, Estefanía, ha declarado que la relación entre padre e hijo era buena, pero que Isaac estaba planeando modificar su testamento.
Las hermanas de Jonathan, sin embargo, han negado cualquier conflicto por la herencia.
El psiquiatra Antonio Bulvena, que atendió a la familia, afirmó que la terapia de confrontación era inadecuada y que recomendó no entregar la herencia en vida. Según fuentes judiciales, Bulvena advirtió a la terapeuta sobre los riesgos de sus métodos, pero ella desoyó sus advertencias.
La defensa de Jonathan Andic ha recurrido la prisión provisional, alegando que no hay pruebas sólidas de homicidio. Sin embargo, el testimonio de Amelia añade un elemento de premeditación que complica su situación. El juzgado de instrucción número 4 de Martorell lleva el caso, y se espera que en los próximos meses se celebre el juicio.
La testigo protegida ha declarado que llevaba un año sin poder dormir, atormentada por lo que sabía. Finalmente, decidió hablar para aliviar su conciencia. “Era demasiado peso”, dijo.
Su testimonio ha sido considerado “tremendo” por los investigadores, quienes ahora tratan de corroborar cada detalle.
La jueza ha ordenado nuevas diligencias, incluyendo el análisis de los mensajes entre Amelia y Julia. Se investiga si la terapeuta sabía que el sendero elegido era peligroso y si instigó a Jonathan a llevar a su padre hasta allí. Julia, por el momento, no ha sido imputada, pero podría enfrentar cargos por homicidio imprudente o incluso por complicidad.
El caso Andic se ha convertido en un fenómeno mediático, con programas de televisión dedicando horas a analizar cada nuevo dato. La frase “como si lo fueran a tirar” se ha viralizado, y muchos se preguntan si la terapia de confrontación fue una tapadera para un crimen perfecto. La investigación sigue su curso, y cada declaración añade más dudas que certezas.
Mientras tanto, Jonathan Andic permanece en la cárcel de Brians, aislado del resto de internos por su propia seguridad. La familia ha pedido respeto a la presunción de inocencia, pero el eco de las revelaciones de Amelia resuena con fuerza en la opinión pública.
El abogado de la defensa, que ha solicitado el archivo del caso por falta de pruebas, se enfrenta ahora al testimonio de una testigo que estuvo en el lugar de los hechos y que podría cambiar el rumbo del juicio. “Es una persona creíble, pero hay que contrastar todo”, ha declarado.
Expertos en psicología han calificado la terapia de Julia como “pseudociencia peligrosa”. La falta de colegiación en España le impide ejercer como psicóloga, pero operaba como coach o guía espiritual. Su influencia sobre la familia Andic era enorme, y ahora se investiga si abusó de esa confianza.
La viuda de Isaac Andic, Estefanía, ha declarado que la terapeuta “se había vuelto indispensable” para su esposo e hijo. “Les hizo creer que la única forma de arreglar su relación era enfrentando sus miedos en la montaña”, dijo. Ahora, la justicia deberá determinar si esa creencia condujo a una tragedia.
La nueva testigo protegida ha revelado que la terapeuta le pidió expresamente que buscara “un lugar con un precipicio, que diera vértigo”. “Era para que Jonathan se pusiera al límite”, explicó. La jueza ya había mencionado en su auto que Jonathan había visitado el lugar varias veces, pero nunca se supo que fuera por orden de la terapeuta.
El caso ha provocado un intenso debate sobre los límites de las terapias alternativas y la responsabilidad de los profesionales que las aplican. La Fiscalía de Cataluña ha abierto una investigación paralela para determinar si Julia cometió intrusismo profesional.
Mientras tanto, en las redes sociales, el caso Andic es tendencia. Muchos usuarios señalan la extrañeza de que una testigo tarde un año en presentarse, y otros defienden a Jonathan, alegando que hay una campaña en su contra. El detective privado contratado por la defensa ha denunciado que los Mossos d’Esquadra han omitido pruebas favorables al acusado.
La defensa ha solicitado que se cite a declarar a los dos excursionistas que vieron a Jonathan tras la caída, quienes según el detective podrían corroborar su versión. Pero la jueza aún no se ha pronunciado. La investigación está lejos de concluir, y cada nuevo testimonio añade capas de complejidad a un caso que ya parece sacado de una novela negra.
La testigo Amelia, ahora protegida, ha cambiado de domicilio y vive bajo vigilancia policial. Su identidad real es secreta, pero su relato ha sido suficiente para que la jueza considere su testimonio como “de máxima relevancia”. La defensa de Jonathan Andic ha anunciado que recurrirá cualquier decisión basada únicamente en este testimonio.
El fundador de Mango, Isaac Andic, era conocido por su carácter afable y su pasión por la montaña. Su muerte, en un sendero que él mismo había transitado muchas veces, sorprendió a todos. Pero ahora, la trama de terapia de confrontación, mensajes encriptados y un hijo que planeó cada paso, ha convertido su fallecimiento en un rompecabezas judicial.
La Fiscalía sostiene que Jonathan Andic aprovechó la terapia para llevar a su padre a un lugar donde sabía que podría ocurrir un accidente o, peor aún, donde él mismo podría empujarlo. La defensa insiste en que Isaac resbaló accidentalmente mientras caminaban, y que Jonathan trató desesperadamente de salvarle.
La nueva testigo ha declarado que, durante los preparativos, Jonathan le dijo que “necesitaba que su padre confiara en él” y que “el lugar era perfecto para eso”. Palabras que, vistas desde la perspectiva de la investigación, suenan a planificación. La jueza deberá valorar si existe suficiente indicio de criminalidad para mantener la prisión preventiva.
La sociedad catalana sigue el caso con atención. La familia Andic, propietaria de una de las marcas de moda más importantes de España, ha visto cómo su nombre se vincula a un suceso trágico y a oscuras terapias. La hermana de Jonathan, Judith, ha declarado que la terapeuta “manipuló a todos” y que ella misma advirtió a su padre del peligro.
Pero la terapeuta Julia se defiende: “Solo quería ayudar a sanar la relación entre padre e hijo. Lo que pasó después fue una desgracia”, ha dicho a través de su abogado. Sin embargo, su estrecha relación con el caso y su papel en la elección del lugar de la excursión la sitúan en el centro de la polémica.
El juzgado de Martorell ha recibido una avalancha de peticiones de medios de comunicación para acceder a las actuaciones. La jueza ha decretado el secreto de sumario para parte de la investigación, pero las filtraciones han sido constantes. La última, la del testimonio de Amelia, ha sido la más impactante hasta la fecha.
El detective César de la Riba, que sigue el caso para un medio de comunicación, ha denunciado que los Mossos han ocultado pruebas favorables al acusado, como el testimonio de los excursionistas que vieron a Jonathan destrozado tras la caída. “Si Jonathan fuera actor, merecería un Óscar”, ha ironizado. Pero la acusación replica que la escena pudo estar preparada.
Mientras tanto, la familia Andic ha emitido un comunicado pidiendo respeto a la intimidad y a la presunción de inocencia de Jonathan. “Es un momento muy doloroso para todos”, afirmaba. Pero las revelaciones de la testigo protegida han hecho que incluso algunos allegados empiecen a dudar de su inocencia.
El caso Andik es un ejemplo de cómo las relaciones familiares, el dinero y las terapias alternativas pueden converger en una tragedia. La justicia deberá ahora determinar si hubo o no intención criminal, y si la terapeuta y su ayudante son partícipes de un plan homicida. La respuesta podría tardar meses.
En las próximas semanas, la jueza tomará declaración a la testigo Amelia en sede judicial, y se espera que ratifique su relato. Si lo hace, la defensa de Jonathan Andic tendrá que enfrentar un obstáculo mayúsculo. La prisión provisional, que vence en pocos meses, podría convertirse en definitiva si el testimonio se sostiene.
El eco de la frase “como si lo fueran a tirar” resuena en los tribunales. La investigación sigue su curso, y el mundo espera conocer la verdad sobre la muerte de Isaac Andic. Mientras tanto, la colaboradora de la terapeuta vive escondida, temiendo por su vida, pero con la conciencia tranquila por haber hablado.



